
El Dr. Luis Andrade, profesor de Lingüística del Departamento Académico de Humanidades, y Nicanor Domínguez, doctor en Historia por la University of Illinois Urbana-Champaign, acaban de publicar Para después de la muerte: testamentos coloniales de caciques y cacicas de Cajamarca (2026), bajo el sello del Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en la Colección de Estudios Andinos. En esta publicación, los autores analizan y recopilan los testamentos como fuentes privilegiadas, pues concentran información sobre la familia, la riqueza, las redes de amistad, los vínculos comerciales y las devociones religiosas de la élite indígena colonial de Cajamarca. Para ello, se apoyan en la riqueza documental del Archivo Regional de Cajamarca, considerado uno de los repositorios más completos del Perú para el estudio del periodo colonial entre los siglos XVI y XVIII.

Ambos investigadores optaron por publicar íntegramente los testamentos, reuniendo treinta y tres documentos fechados entre fines del siglo XVI y el siglo XVIII, que ofrecen una ventana singular al punto de vista de la élite indígena cajamarquina. Aunque Domínguez proviene de la historia y Andrade de la lingüística, sus enfoques se complementaron: mientras el primero buscó reconstruir las redes familiares y las relaciones sociales de los caciques, el segundo se concentró en los usos de las lenguas indígenas registrados en los documentos. Ambos autores han priorizado la publicación íntegra de los documentos sobre la presentación exhaustiva de los hallazgos derivados de ellos. Su objetivo principal es poner esta fuente primaria a disposición de los investigadores, para que puedan corroborar, matizar o discutir los hallazgos preliminares que ellos mismos esbozan en la introducción —y, desde luego, para explorar otras líneas de análisis presentes en los testamentos que, por sus propias especializaciones e intereses, no han desarrollado.
Desde el punto de vista lingüístico, uno de los hallazgos más relevantes fue el testamento de Clara Cabus Lachos, del siglo XVII. Aunque el documento solo menciona el quechua y el español, un expediente posterior reveló que la testadora y su cacique recurrieron a la lengua local guzmango para confirmar deudas. Este hallazgo permitió identificar y corroborar una lengua que Alfredo Torero había denominado previamente como “lengua den”.
Como antecedentes, los autores dialogan con estudios sobre testamentos indígenas en el México colonial y con casos andinos como el testamento de Isabel Chimpu Ocllo, madre del Inca Garcilaso de la Vega, además de los trabajos de María Rostworowski, Jorge Zevallos Quiñones, Aude Argouse y Gabriela Ramos. Estos referentes contribuyeron a contextualizar su investigación y reforzaron la decisión de ofrecer una edición completa de los documentos.
También identificaron transformaciones en la cultura material y en la estructura social entre los testamentos del siglo XVI y los del XVIII. En los documentos más tempranos, los testadores de mayor riqueza solían legar bienes a personas pobres o a indígenas que trabajaban para ellos, reflejando la importancia de la fuerza de trabajo como forma de riqueza. En cambio, en los testamentos posteriores predomina la distribución de bienes materiales (cojines, lámparas, libros o pinturas) entre familiares cercanos. Entre los objetos inventariados aparecen mantas de Flandes, telas procedentes de China y colorantes mixtecos, evidencia de circuitos comerciales de gran alcance. Asimismo, los investigadores encontraron referencias a “archivos privados de los caciques”, aunque esos registros no se han conservado en el archivo regional.
Los testamentos también revelan tensiones y alianzas dentro de las familias. Un caso notable es el de una abuela que deshereda a sus nietas por desobedecerla y no atenderla debidamente, aunque luego les deja una casa en un codicilo. Los autores hallaron además tres testamentos pertenecientes a un abuelo, un padre y un hijo en Cajabamba, lo que permite seguir la continuidad de una misma familia a lo largo del tiempo. Entre los cambios observados entre los siglos XVI y XVIII destacan la adopción del catolicismo como rasgo identitario más homogéneo y el uso de apellidos españoles prestigiosos, elementos que dificultan distinguir entre mestizos e indígenas en la documentación. Los registros también muestran un proceso de endogamia entre familias de la élite indígena que, en algunos casos, condujo a su desaparición.