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El Dr. Ricardo Sumalavia, director del Centro de Estudios Orientales y profesor de Literatura del Departamento Académico de Humanidades, acaba de publicar una colección de microrrelatos Enciclopedias del carnaval (2026) bajo el sello del Fondo de Cultura Económica. Conversamos con el autor sobre esta publicación y algunos asuntos más.
¿Cómo nació la edición de Enciclopedias del Carnaval?
La edición reúne tres de mis últimos libros de microrrelatos: Enciclopedia mínima (2004), Enciclopedia plástica (2017) y Enciclopedia vacía (2024). En conversaciones con el editor Dante Trujillo, del Fondo de Cultura Económica, surgió la idea de reunirlos para ofrecer un panorama de mi trabajo con la microficción, un género muy difundido en América Latina y en nuestro país, y que constituye una de mis líneas narrativas más importantes.
Cuéntenos un poco sobre el microrrelato: ¿cómo se practica actualmente?
Es un género difícil de definir; incluso la terminología es muy variable (microrrelato, microficción, microcuento, etc.) y no siempre son sinónimos exactos. En español se practica desde hace mucho tiempo: hace un siglo, en los albores del modernismo, se consideraba más como prosa poemática. Se trata de un género intermedio entre la poesía y la narrativa: busca contar una historia breve empleando las estrategias poéticas de intensidad y sensación. No es una fórmula fija, pero a mí me gusta mantener esa idea. Algunos textos se inclinan más hacia lo narrativo, otros hacia lo poético, y otros permanecen en un híbrido. Es un género fuerte, con una tradición sólida en lengua hispana, aunque con menor difusión que la poesía, el cuento o la novela.
¿Cómo fue su acercamiento a este tipo de escritura?
Fue principalmente en la universidad, en cursos de literatura latinoamericana y de la colonia. Mis profesores —Enrique Carrión, Susana Reisz, Ricardo González Vigil, entre otros— me permitieron descubrir las especificidades del género y las posibilidades narrativas que se adaptaban a mi temperamento de joven escritor. Por ansiedad personal, escribir prosa breve me daba más satisfacciones que dejar cuentos largos e inacabados.
Entonces, ¿su frustración lo convirtió en una habilidad?
Exactamente. Se trata de convertir una frustración en una virtud, de "sacarle la vuelta". Puede ser una lección de vida: no todo es fácil, pero a muchas cosas se les puede dar la vuelta. Es una cuestión de actitud frente al texto y frente a la vida.
Hablando de su vida académica y literaria, ¿cómo se inscribe Enciclopedia mínima en su trayectoria?
Empecé a escribirla en mis primeros años como profesor en la Universidad Católica, pero la mayor parte la escribí en Corea del Sur, donde fui profesor invitado entre 1997 y 1999. Allí tenía tiempo para leer literatura latinoamericana, y en esa atmósfera coreana comencé el libro. Ya desde esos primeros textos hay una influencia asiática que ha marcado mis libros posteriores, hasta Enciclopedia vacía, que es el de mayor influencia oriental.
El haiku puede influir, ¿no?
Por supuesto. Tuve un profesor japonés invitado, Shoji Nakaoka, en un curso de Cultura Oriental. Yo era un alumno muy aplicado, y él me introdujo a una lectura más profunda del haiku. Luego lo visité en Osaka en 1998. Esa fue la primera influencia. Enciclopedia plástica la escribí durante mi doctorado en Francia, con influencia del surrealismo francés (que, a su vez, también se nutrió de la poesía asiática). Enciclopedia vacía la escribí íntegramente en Perú, al inicio de la pandemia; fue un libro de duelo por pérdidas personales, y la escritura de microrrelatos me permitió plasmarlo de manera diferente.
¿Usted ve una evolución, un gran cambio, una progresión?
Puede haber cambios, pero evito la palabra "progreso" en el arte. No hay progreso necesariamente, sino aprendizajes. El oficio simplifica pasos, pero uno sigue teniendo los mismos miedos al empezar un texto nuevo. Esa paradoja me alegra y me entusiasma: cada texto es completamente nuevo. El día que crea que domino todos los recursos, dejaría de escribir.
El título es Enciclopedias del Carnaval. Cuéntenos un poco sobre Bajtín y su impacto.
En mi formación leí a Bajtín, y su idea del carnaval me gustó mucho: durante el carnaval, el orden y la jerarquía se trastocan; el bufón puede ser rey y el rey, bufón. Eso permite el humor, la parodia y el pastiche. En mis tres libros de enciclopedias ya había elementos de humor y parodia, y aspectos de mi vida (lo asiático, el centro de Lima, la familia, lo académico, lo policial, etc.). Quise reunirlo todo de manera festiva, con una lógica carnavalesca que rompe con el realismo parametrado de la literatura peruana, que a mí me había cansado un poco.
¿Qué proyectos tiene ahora?
Quiero corregir y ampliar un libro de cuentos más largos. Y, con toda calma, estoy recopilando información para una novela en la que espero vincular aspectos asiáticos, parte de la historia coreana, con la historia literaria peruana. No puedo decir más porque estoy en fase de exploración.