
El Dr. Jorge Iván Pérez, profesor de Lingüística de nuestro Departamento Académico de Humanidades, acaba de publicar el libro Estructura del lenguaje. Un curso (2026) con el Fondo Editorial de la PUCP. Por tal razón, le hemos realizado una entrevista que compartimos a continuación.
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El libro tiene como propósito combatir el prejuicio lingüístico. ¿Qué lo motivó a escribir un texto académico que no solo busca informar, sino también cambiar una arraigada creencia social sobre el lenguaje?
Considero, como muchos colegas, que nuestro deber como docentes consiste en ayudar a nuestros estudiantes a desarrollar su capacidad de reflexión. Esta es una condición para que desarrollen habilidades cognitivas y también para que tomen conciencia de las inequidades que existen en nuestra sociedad. Esto, a su vez, es una condición para que, si así lo deciden, trabajen para acabar con las inequidades.
Usted explica qué es y qué no es la ciencia, contrastando las ciencias formales con las empíricas. ¿Por qué es crucial para un estudiante de letras o lingüística entender esta diferencia antes de abordar el estudio del lenguaje?
Es útil que las personas estén familiarizadas con el conocimiento científico para poder combatir prejuicios y falsedades. Este es un libro de divulgación, que busca acercar al lector, de manera sencilla, algunos de los avances que la investigación lingüística ha conseguido gracias a una aproximación rigurosa a (parte de) su objeto de estudio que es la estructura de las lenguas. Todas las personas deberían estar en capacidad de distinguir entre un discurso con fundamento empírico y racional que apunta a la objetividad, y uno que refleja el sentir o la opinión arbitraria de su autor. (¡No a la charlatanería!)
El libro defiende con firmeza el descriptivismo frente al prescriptivismo. Sin embargo, vivimos en una sociedad donde la escuela y los medios constantemente corrigen el habla. ¿Cómo podemos conciliar la necesidad de enseñar una variedad estándar con el respeto por todas las variedades lingüísticas?
La actitud prescriptivista en general está muy extendida en nuestra sociedad: muchas personas critican a las demás por sus gustos o sus comportamientos e intentan imponer los propios como los correctos o como los únicos válidos. En el caso del lenguaje, las instituciones educativas, al intentar imponer una única manera de usar el castellano como la correcta o válida, contribuyen a oficializar de alguna manera que ciertas formas de comportamiento son mejores que otras. La variedad estándar del castellano es la manera prestigiosa de usar esta lengua. Su prestigio depende del hecho de ser la variedad de la élite de la sociedad y no de alguna característica intrínseca. Las frases “la casa de mi mamá” y “de mi mamá su casa” son ambas perfectamente gramaticales. La valoración que se le asigna a cada una y, por lo tanto, los contextos de uso que se le permite a cada una dependen de consideraciones sociales y no lingüísticas.
Las instituciones educativas podrían enseñar la variedad estándar haciendo notar que no es la única variedad válida, sino aquella que se utiliza en determinados contextos, principalmente en los académicos para la transmisión del conocimiento. Podrían enseñar la variedad estándar haciendo conscientes a los alumnos de la estructura social que promueve que algunos usos lingüísticos sean valorados positivamente (sean prestigiosos y se enseñen como correctos) y otros sean valorados negativamente (sean estigmatizados y censurados).
Un capítulo entero está dedicado a explicar el proceso de producción, transmisión y recepción del mensaje, incluyendo la anatomía del aparato fonador y el oído. ¿Cómo integra un lingüista estos conocimientos de la anatomía y la acústica en la tarea de analizar la estructura de una lengua?
Diría que con horas de estudio. El lenguaje es una propiedad de los seres humanos que se manifiesta fenoménicamente como la producción e interpretación de expresiones. Gracias al lenguaje, podemos comunicar nuestras ideas o nuestros sentimientos a otras personas, utilizando signos cuyo significado compartimos convencionalmente. Los signos tienen que ser materiales para que nuestro interlocutor pueda percibirlos. En el caso de las lenguas orales, los signos son sonoros y el estudio de cómo se producen los sonidos del habla, cómo se transmiten en forma de ondas y cómo son procesados auditivamente ayuda a comprender mejor el conjunto de fenómenos que estudiamos.
Usted dedica una sección importante a las lenguas de señas, afirmando que son sistemas en pie de igualdad con las lenguas orales. ¿Qué es lo que mucha gente aún no entiende sobre las lenguas de señas y qué implicaciones tiene eso para la educación de niños sordos?
Es un poco difícil entender qué son las lenguas de señas. Yo mismo lo he entendido no hace mucho tiempo. El hecho de que las lenguas orales sean las que más se utilizan entre nosotros trae como consecuencia que hablar utilizando sonidos sea lo que, en general, identifiquemos como lenguaje. Sin embargo, el sonido es solo una forma material que puede utilizarse para crear convencionalmente signos lingüísticos. Otra forma es la que utilizan las lenguas de señas: distintas configuraciones de la mano, varios tipos de movimiento o diferentes lugares del cuerpo sirven para crear signos cuyo significado convencional es compartido por los usuarios de una lengua de señas. Las señas así constituidas se combinan gramaticalmente para construir expresiones, como frases u oraciones, cuyo significado es composicional, como lo es el de las lenguas orales. Ambos tipos de lenguas se diferencian por la modalidad de su expresión, pero el fundamento para la producción e interpretación de expresiones lingüísticas es el mismo en ambas: el aprendizaje de un sistema lingüístico.
Dado que las personas sordas no pueden percibir la expresión sonora de las lenguas orales, pero sí pueden percibir la expresión visual de las lenguas de señas, son las lenguas de esta modalidad las que se ajustan a sus habilidades de manera natural. Por esta razón, es importantísimo que los niños sordos sean educados en instituciones educativas en las que se utiliza una lengua de señas. El aprendizaje temprano de una lengua, oral o deseñas, es fundamental para el desarrollo cognitivo y social de una persona. El niño sordo matriculado en una institución educativa en la que se utiliza una lengua oral no podrá adquirir esta lengua y, por lo tanto, no encontrará sentido alguno a las actividades que se realicen a su alrededor. Puede parecer exteriormente que el niño está siendo “incluido”, pero no es así.
En el Capítulo 7, usted muestra que las lenguas no son nomenclaturas usando ejemplos como los colores en galés o la palabra bois en francés. ¿Cuál es el error principal que comete alguien que cree que aprender un idioma es solo "cambiar etiquetas" o intercambiar las palabras de una lengua por las palabras de otra?
Pensar que aprender un idioma es solo aprender palabras pasa por alto la dimensión gramatical que debemos aprender para poder usar una lengua. Por ejemplo, si sé castellano y quiero aprender quechua, me va a ir muy mal con solo buscar las palabras correspondientes en quechua, pues mucha de la información que en castellano se codifica con palabras se codifica en quechua mediante sufijos que deben ordenarse cuidadosamente luego de las raíces nominales y verbales.
Por otro lado, también encontramos diferencias importantes en los significados que se asocian a las palabras de lenguas distintas. El ejemplo de los colores es ideal para mostrar esto porque es claro que física y perceptivamente estos forman un espectro o un continuo. Sin embargo, las lenguas dividen este espectro en segmentos utilizando diferente número de palabras, de modo que los significados de los términos de colores de una lengua (los segmentos establecidos) no corresponden exactamente con los significados de los términos de otra. En otros ámbitos también se puede observar este fenómeno. Por ejemplo, si un hablante de inglés nos preguntara cómo se dice wild en castellano, tendríamos que decirle que depende del objeto al que nos referimos: a wild flower es una flor silvestre, pero a wild animal es un animal salvaje.
Usted dedica capítulos enteros a la codificación temporal, aspectual y modal. Estas categorías (especialmente el aspecto y la modalidad) han tendido a ser descuidadas en la enseñanza tradicional. ¿Por qué es fundamental entenderlas para comprender la riqueza de una lengua como el español?
Mediante los enunciados que producimos transmitimos información sobre una infinidad de temas. La información que quizá nos resulta más obvia cuando estudiamos el lenguaje es la que transmitimos mediante el vocabulario: podemos hablar de gatos, de perros, de una persona determinada, de un acontecimiento histórico, de nuestro dolor, de la belleza y un largo etcétera. Esta información es variada y normalmente elegimos conscientemente sobre qué queremos hablar.
Hay otra información que, por el contrario, la lengua nos obliga a codificar: la información gramatical o gramaticalizada. Como hablantes, no siempre somos muy conscientes de que codificamos esta información al hablar y, por eso, su estudio es más interesante porque nos hace darnos cuenta de algo que hacemos cotidianamente y de lo que no nos damos cuenta normalmente.
Por ejemplo, los verbos que usamos siempre están flexionados para concordar en persona y en número con el sujeto de la oración. Probablemente, tenemos cierto grado de conciencia de que, si hablamos de nosotros como individuos, el verbo tiene un sufijo que expresa esto —canto, como, parto— y, si hablamos de nosotros grupalmente, el verbo presenta otro sufijo —cantamos, comemos, partimos—.Seguramente, también notamos que nuestras oraciones codifican información temporal en los sufijos verbales (aunque muchas personas demoran en tomar conciencia de esto cuando se le pregunta): canto, canté, cantaré.
El aspecto es otro tipo de información gramaticalizada en castellano: debemos elegir si presentamos el evento del que hablamos como algo ya concluido —La niña cruzó la calle—o sin especificar si el evento llegó a su fin—La niña cruzaba la calle—. A diferencia de la persona y del tiempo, sin embargo, muy pocas personas somos conscientes de que elegimos formas lingüísticas que expresan aspecto.
La modalidad es otro tipo de información sobre el que no solemos reparar los hablantes, a menos que en un salón de clases o en alguna conversación nos lo hagan notar. La diferencia entre las oraciones Cuando llegue María, le preguntaremos la respuesta y Si llega María, le preguntaremos la respuesta, es el grado de convicción del hablante acerca de la llegada futura de María. La llegada de María no es un hecho: en el primer caso, el hablante cree que sí vendrá; en el segundo caso, no se manifiesta al respecto. Más interesante es el conocimiento del hablante de como conjugar el verbo: en el primer caso, el verbo presenta un sufijo de modo subjuntivo; en el segundo caso, uno de modo indicativo.
El estudio de estos temas no solo nos muestra la riqueza de nuestra lengua; nos muestra que esta riqueza es parte de nuestro sistema cognitivo, es parte de lo que hacemos, es parte de quienes somos y es una parte de la que no tenemos (necesariamente) conciencia.
El libro está dirigido a un público amplio: curiosos, estudiantes de educación, universitarios y hasta colegas lingüistas. ¿Cómo ha logrado equilibrar la necesidad de ser riguroso y a la vez accesible?
Bueno… espero haber logrado ese equilibrio. Serán los lectores quienes juzguen si el libro es riguroso y también accesible. El libro está basado en las clases que he impartido en Estudios Generales Letras durante muchos años. Las preguntas de los alumnos en diferentes temas me han enseñado a anticiparme a las dudas que podrían surgir en el lector. La base discursiva del libro es la grabación del curso entero que realicé al inicio de la pandemia anticipándome a la posibilidad de que no pudiéramos tener clases virtuales. Finalmente, las clases sí se pudieron realizar de manera virtual y, además, quedó la grabación de todo el curso. El libro busca reproducir, de algún modo, la presentación y la explicación que se lleva a cabo en un salón de clases.