
¿Son universales nuestras ideas sobre el conocimiento, la verdad y las creencias? ¿O dependen de las lenguas y la culturas que aprendemos? Estas son algunas de las preguntas que orientan el artículo “A Puzzle about Knowledge Ascriptions”, coescrito por reconocidos académicos incluyendo al profesor Pablo Quintanilla, de la sección de Filosofía de nuestro Departamento Académico de Humanidades. El paper se ubicó como el trabajo más leído de 2025 en Noûs, la revista con mayor ranking de Filosofía según el Philosophy Journal Ranking Index.
Este artículo examina si las intuiciones filosóficas consideradas evidentes son realmente universales o dependen de contextos culturales específicos. Este artículo es parte de otros que conforman un proyecto internacional que estudia cómo distintos conceptos filosóficos son comprendidos en diversas lenguas y tradiciones culturales, mediante una metodología que combina herramientas de la filosofía y las ciencias empíricas.
Filosofía,lenguaje y diversidad cultural
Uno de los puntos de partida de la investigación es una observación aparentemente sencilla. En castellano yen muchas otras lenguas, resulta contradictorio afirmar: “Sé algo, pero no lo creo”. En cambio, sí es posible decir: “Creo algo, pero no lo sé [si es verdad]”. Esta diferencia revela una relación conceptual profunda: en nuestra forma de entender el mundo, el conocimiento implica creencia, mientras que la creencia no implica conocimiento. Sin embargo, ¿ocurre lo mismo en todas las culturas? ¿Las personas que hablan otras lenguas organizan estos conceptos dela misma manera? Para responder estas preguntas, el equipo de investigación del proyecto Geography of Philosophy se propuso analizar las relaciones entre conocimiento, verdad y creencia sabiduría en diversos contextos lingüísticos y culturales. El proyecto reunió a investigadores de diversos países y disciplinas, convirtiéndose en una experiencia de colaboración internacional orientada a examinar problemas filosóficos desde una perspectiva genuinamente intercultural.
“Lo que nos interesa es determinar si estas intuiciones filosóficas son universales o si dependen de estructuras conceptuales particulares. Podría ocurrir que existan culturas en las que las relaciones entre conocimiento, creencia y verdad sean distintas. Si fuera así, tendríamos razones para replantear algunas de las presuposiciones más arraigadas de la filosofía occidental”, explica Quintanilla.
Filosofía experimental
El proyecto se inscribe dentro de la filosofía experimental, la cual ha cobrado gran relevancia durante las últimas décadas y, a diferencia de la filosofía tradicional, que suele apoyarse únicamente en la reflexión conceptual y el análisis lógico, la filosofía experimental además incorpora evidencia empírica obtenida mediante metodologías propias de las ciencias empíricas en forma de encuestas, experimentos y estudios comparativos. Esta aproximación permite contrastar intuiciones filosóficas con datos obtenidos en diferentes sociedades y contextos culturales. En lugar de asumir que ciertos conceptos son evidentes para todos los seres humanos, la investigación busca verificar hasta qué punto esas intuiciones son compartidas. Para ello, el equipo diseñó pruebas estandarizadas que fueron aplicadas en distintos países, entre ellos India, Sudáfrica, Japón, Corea del Sur,Marruecos, Ecuador y Perú. Los resultados obtenidos fueron posteriormente comparados con el objetivo de identificar similitudes y diferencias en las formas en que diversas comunidades comprenden nociones fundamentales relacionadas con el conocimiento.
El caso del quechua: otras formas de pensar el conocimiento
Uno de los hallazgos más interesantes del proyecto proviene del análisis de lenguas originarias andinas, particularmente del quechua. Se encontró que algunos conceptos epistemológicos presentes en esta lengua no se organizan de la misma manera que en las tradiciones occidentales. Mientras que en el pensamiento europeo la verdad suele entenderse como una la correspondencia entre una afirmación y la realidad, en quechua el concepto asociado a la verdad se encuentra más vinculado con ideas de aceptación, asentimiento o validación práctica.
Asimismo, se observó que en el quechua prehispánico no existía una palabra equivalente a la noción occidental de “creencia”. Para afirmar que alguien cree algo se expresa la fórmula “X dice que p”, donde el verbo decir es iñiy. Solo después de la llegada de los evangelizadores, y ante la necesidad de tener un verbo de creencia semejante al castellano, iñiy adquirió esa nueva connotación. Pero incluso hoy se usa iñiy con el sentido de creencia sobre todo en contextos religiosos y particularmente cristianos. Esto sugiere que categorías que parecen naturales para los hablantes de lenguas occidentales pueden no ocupar el mismo lugar en otras tradiciones lingüísticas.
“En muchas culturas occidentales, los conceptos epistémicos están relacionados con la representación de la realidad. En el caso del quechua, en cambio, encontramos una mayor conexión con la práctica, la interacción y la experiencia concreta”,señala Quintanilla.
Estos hallazgos no solo enriquecen la comprensión de las lenguas originarias, sino que también amplían las posibilidades de la reflexión filosófica contemporánea al mostrar que existen múltiples maneras de conceptualizar el conocimiento humano.
Diversidad como oportunidad para la filosofía
Según Quintanilla, uno de los aportes más importantes de esta investigación es contribuir a cuestionar ciertos supuestos eurocéntricos que han acompañado históricamente a la filosofía académica. Durante mucho tiempo predominó la idea de que las categorías desarrolladas por la tradición occidental eran universales y suficientes para comprender la experiencia humana. Hoy, sin embargo, existe un interés creciente por dialogar con otras tradiciones intelectuales y explorar los marcos conceptuales presentes en culturas no occidentales.
En este sentido, la investigación posee también una dimensión descolonizadora. Su propósito no es reemplazar una tradición filosófica por otra, sino generar espacios de diálogo entre distintas formas de comprender la realidad, el conocimiento y la verdad. Para Quintanilla, estas reflexiones tienen especial relevancia en el contexto peruano y, sobre todo, para los estudiantes universitarios de Filosofía, pues la diversidad cultural y lingüística del país ofrece una oportunidad excepcional para explorar formas alternativas de pensamiento y ponerlas en diálogo con la tradición filosófica occidental.
“Los estudiantes peruanos tienen la posibilidad de acceder a las grandes corrientes de la filosofía europea y, al mismo tiempo, de conocer tradiciones intelectuales presentes en su propio entorno cultural. Esa comparación permite comprender mejor tanto las posibilidades como los límites de los conceptos filosóficos que solemos dar por sentados”, afirma Pablo Quintanilla.